20 feb 2012

Mocedad.


…Y cuando la vejez ya no te pueda consumir más
te darás cuenta de todo el tiempo que has perdido.
Los sueños rotos,
las miradas cómplices rechazadas,
horas muertas frente al televisor,
los días de juventud malgastados en la inconsciencia.

…Y cuando los sentidos te fallen
y el corazón desee dormir,
recordarás con nostalgia
el brío de los veinte años.

3 jun 2011


Esta mañana desperté con una idea que me hizo temblar: “desde el día que nacemos comienza la cuenta regresiva”. Me vestí lentamente, con mi mente muy lejos. Decidí salir a caminar para despejarme un poco y, sin darme cuenta, llegué a la pequeña playa que siempre me cobija cuando estoy aproblemado. Escalé la roca más grande y, mirando el mar, descubrí que ya he vivido ocho años, ocho años menos de vida. Me puse a lanzar piedritas al mar, desanimado, al tiempo que pensé en ir a la estación de trenes más famosa del mundo y comprar un boleto que me llevara directo a los cuatro años, cuando no iba al colegio y mi única preocupación era jugar. Luego me di cuenta de que hay muchos adultos en el mundo; dudo que ese boleto exista. Muy triste caminé a casa, mamá debía extrañarme, y me dieron ganas de disfrutar a concho mi infancia porque el tiempo pasa muy rápido y no quiero ponerme viejito y arrugadito.

24 mar 2011

Videotape.


Iba escuchado mi canción favorita. Cada vez que sonaba ese tema en mi mp3 dejaba de lado lo que estaba haciendo y me concentraba totalmente en ese momento de culto, casi religioso. Era esa sensación de querer eliminar todo ruido externo para poder saborear cada acorde.
Iba escuchando mi canción favorita. Oírla me hacía recordar el pasado, las tardes con Julia, las noches con Julia. Era nostalgia, pero de la buena. Esa canción me hacía sonreír.
Iba escuchando mi canción favorita. Y también estaba caminando a casa. La ciudad de noche era mucho más linda, más acogedora. A veces se podía escuchar el silencio ¡Qué maravilla! Esa noche venía del trabajo, contento porque al otro día tenía libre. Iría a ver a mis padres, a mi gato, la casa de infancia. Pero sonó esa canción y no pude evitar que todo a mi alrededor se volviera humo. Era como si estuviera drogado, muy drogado.
Iba escuchando mi canción favorita cuando el auto me atropelló. Justo la canción estaba terminando, creo que estaba sonriendo, por suerte. No cualquiera muere sonriendo.

7 nov 2010


Aunque he dejado de sentir tu calor, no me vendría mal un simple abrazo. Siempre recuerdo esos caminos de tierra, esos donde solíamos toser de tanta polvareda ¡Qué panorama más absurdo! Al menos éramos felices. Y pensar que ahora ni siquiera tengo tu retrato para mirarte.

6 nov 2010

103.5 FM.

Los pacientes dormían en el piso cinco del hospital. De vez en vez se escuchaba un llanto de bebé o los pasos lejanos de alguna enfermera. Ana trabajaba hacía veinte años en ese lugar: maternidad. Los turnos eran cansadores y si los bebés no daban problemas eran muy aburridos, pero esa noche había llevado el instrumento necesario para amenizar la madrugada: su pintura de uñas.

Ana tenía cuarenta y ocho años, madre soltera, trabajadora, poco agraciada y sencilla. Criada a la antigua y muy querida por todos, Anita era la encargada de encender la radio cada medianoche para escuchar cualquier cosa, la idea era darle un poco de vida a esa sala de paredes blancas y silencio impoluto. El dial escogido fue el 103.5 FM, una radio de adolescentes que la enfermera más joven propuso.

La madrugada avanzaba a paso lento y la música juvenil no era el fuerte de Ana. Decidió ir en busca de su pintura de uñas, era el panorama nocturno. Mientras comenzaba su ritual, el programa radial anunció los llamados del público: “desahogos, declaraciones, noticias, saludos, llame ya al 103.5”. Ana escuchaba sin interés los llamados, las declaraciones de amor de los jóvenes, los saludos a los compañeros de curso, los jóvenes aproblemados por sus conflictos de niños.

Ana ya había pintado todas las uñas de su mano izquierda cuando llama a la radio un joven de voz triste. El locutor le pregunta el nombre y le pide que cuente su problema: “Soy Julián, tengo dieciocho años y no sé qué hacer. Nadie lo sabe, no sé a quién contarle. Estoy muerto”.

- Pero, ¿qué sucede amigo? Pregunta el locutor.

- Soy homosexual y tengo sida – Se produce un silencio, el locutor no sabe cómo continuar la conversación – Lo que más me duele es contarle a mi madre, ella está esperando que este año salga del colegio para que entre a la Universidad, es su sueño. Tiene todas sus esperanzas puestas en mí. Ella ha trabajado toda su vida para que yo estudie, es enfermera, ya tiene cuarenta y ocho años y no podría comprender lo que me está pasando. ¿Con qué cara le cuento? Soy lo único que tiene.

El locutor comenzó a hablar pero Ana ya no escuchaba. La pintura de uñas cayó al suelo. Julián. Sida. Homosexual. No sabía cómo ordenar lo que había oído. No sabía si existía la forma de ordenarlo. Lo único que tenía claro era el relato de Julián, su hijo. Junto al desorden mental de Ana, la pintura de uñas comenzó a derramarse por el suelo mientras el dial, 103.5 FM, cortaba sus transmisiones. Julián. Sida. Homosexual. Ana rompió a llorar al mismo tiempo que un bebé de la sala contigua. Debía levantarse. Debía trabajar.

1 nov 2010

La pena.

Dan ganas de escribir y buscar las palabras mágicas.
Dan ganas de borrar y escribirlo todo nuevamente.
Dan ganas de amar olvidando lo pasado.
Dan ganas de llorar pero ya no hay ni llanto.

25 sept 2010

Última página.

Aunque tenga las manos arrugaditas como pasa, los ojos entrecerrados para poder ver mejor, la espalda algo curvada y el cabello blanco como la nata, no hay día que no me pegue una vueltecita por la Quinta Normal. Ahí conocí a mi viejito, que me dejó botaita, él ya se fue de esta vida. Ahí firme un pacto con el destino para nunca separarme del hombre que había conocido, ahí están los recuerdos de esos tiempos de oro, y ahí estará mi fantasmita cuando yo sea un puñado de polvo.
 

Azul de Junio © 2008. Chaotic Soul :: Converted by Randomness