23 sept 2009

Memorias de un cicloadicto.



La vi por primera vez cuando era un niño, creo que no superaba los cuatro años. Nunca olvidaré esa primera impresión, los colores, el interés que provocó en mí desde el inicio, tanto así que no dejé de mirarla durante toda la noche. Fue amor a primera vista, descubrí que el mundo era mucho más que televisión y juguetes. Ahí estaba, resplandeciente, brillante, centelleante, deslumbrante como solo ella podía estarlo, ni mi mami se veía tan bonita. Lo único que quería era acercarme a ella y no soltarla jamás. ¿Cómo se llama? Le pregunté al tío Enrique. “Bicicleta, hijo, bicicleta”.
Desde esa navidad en la que le regalaron la bici a mi hermano lo único que pasaba por mi mente era tener una de esas. Me imaginaba pedaleando a altas velocidades, sorteando miles de barreras y haciendo de esas piruetas peligrosas que me llamaban tanto la atención.
Cuando crecí supe que sentir el viento en mi rostro mientras avanzaba en la bici era una de las mejores cosas que me podían pasar. Prácticamente olvidé caminar, lo único que hacía era pedalear. En mi época rebelde recuerdo que me gustaba irme de la casa cuando me enojaba por puras tonteras y ni me interesaba volver a la casa. Una noche la pasé a la intemperie y cónchale que hizo frío, pero ahí estaba yo bien acurrucado con mi bici, como si ésta me fuera a dar calor. Es por eso y tantas cosas que la recuerdo como el gran amor de mi vida, un amor ciertamente perfecto, mi media naranja, la luz de mi existencia.
Pero todos los amores tienen que sortear momentos difíciles, algo así como la prueba de fuego, y para mí esa prueba se dio a mis 27 años, cuando me casé con la Pepita. Tengo que admitir que dejé mi bicicletita de lado en esa época, pero es que estaba muy re enamorado, y me siento feliz de decir que aún lo estoy. Y ya cuando me casé, trabajé y formé mi familia, se incorporó de nuevo a mi vida, de una mala forma eso sí. Me di el medio costalazo, hasta me quebré por ahí. Yo lo tomé pa la risa, era como el castigo por haberla dejado botadita, por haberle sido infiel.
Hubo una época complicada, cuando mi sueldo no alcanzaba y la Pepita hacía malabares para tener la mesa bonita todos los días. Trabajaba y compartía con mi familia, pero siempre me hacía un tiempo para ver a mi amor de infancia y juventud. Agarraba la bici y creo haber recorrido la ciudad de pies a cabeza, lo que se volvía una válvula de escape a todos los problemas, congojas y penurias que entristecían mi vida, además de aportar un granito de arena a mi sociedad, ya que no contaminaba ni hacía ruido, entre tantas cosas. Vivir en San Antonio, un pueblito sin muchas entretenciones artificiales pero sí varias distracciones naturales, se volvía un punto positivo al momento de pedalear y pedalear. Pude conocer secretos de la ciudad que jamás pensé descubrir, y todo gracias a observar y reflexionar mientras las imágenes pasaban como un largometraje frente a mi. Es que cuando montaba este vehículo de dos ruedas olvidaba todo y me sentía el rey del mundo, o, caso contrario, aparecía en mi mente un álbum fotográfico que me mostraba láminas sobre mi vida: años de antaño junto a mis padres y hermanos, esas tardes de lluvia frente a la chimenea, mi madre leyendo cuentos a mis hermanos por las noches, tardes en el bosque, la niña que me gustó por primera vez, esa que no quiso ir a la fiesta del colegio conmigo.
Y aquí me vez, las cosas cambian, a veces más de lo que uno espera. Me siento tranquilo, tengo una sonrisa en mis labios y ojos, siento una plenitud que me llena por completo. Viví lo que tenía que vivir, amé todo lo que tenía que amar, sentí mucho en tan poco tiempo que tenemos en la vida. Tengo ochenta y tres años, paso la mayor parte del tiempo en mi cama, la salud me está pasando la cuenta y mi cuerpo parece no querer responder a ningún estímulo. A veces, milagrosamente, me levanto de esta cama, y lo primero que hago es arrancarme al patio de atrás, que tiene salida a la calle, y antes que me reten, me pongo a pedalear, despacito eso si, ya no puedo sentir tanto el viento en mi rostro, pero la sola sensación de poder pedalear me trae tantos recuerdos que mis ojos se limpian de adentro hacia afuera, y las lágrimas, que son de colores porque irradian felicidad, caen lentamente.
Si tuviera que pedir un deseo, a mi edad y después de haber querido a tantas personas, sería tiempo: para amar, para sonreír, y por qué no, para pedalear.

4 may 2009


Ayer me escondí debajo de una piedra
Una hormiga me contó sus secretos
Y un cienpiés me mostró sus dedos.

Yo sólo quería desaparecer un momento
Enjuiciar a la especie humana
Y verlo todo desde una perspectiva diferente.
Quizás un poco de tierra
Quizás un poco de humedad
Da lo mismo si me ensucio
La cosa es descansar.

Miraba la gente pasar
Los niños reír o llorar
Las señoras de ceño fruncido
Los señores de ojos caídos.

No lo podía creer
Era como un ejército ver
Sólo faltaba la música de marcha
Cada cuál sólo sus pasos notaba.

Y yo pertenezco a ellos
A ese mundo rutinario.

Decidí mirar a la hormiga
Que reía junto al cienpiés
¡Qué simple es su vida!
A este mundo quiero pertenecer
Y no preocuparme de cuentas
De horarios ni tonteras.

Ayer me escondí debajo de una piedra
Todos los días me esconderé al menos unos minutos
Conversaré con la hormiga y quizás cuántos insectos más
Será un evento excepcional.

Me gusta esconderme debajo de una piedra.

22 mar 2009

Como un sueño utópico.


Podríamos detener el tiempo, nadie lo ha hecho aún. ¿Buena idea, verdad? Sacaríamos buen provecho de eso. Pasar tardes interminables conversando de lo que se nos venga a la mente, descubrir lo que la mirada nos dice, sabemos que ella habla por si sola, lamentablemente nos delata. ¿Alguna vez has escuchado el ruido del silencio?, ¿Alguna vez sentiste como si nada más existiera?, ¿Algo así como si el tiempo se detuviera? No busques una explicación, de ese modo todo pierde su sabor. Corramos de la mano por el pasto crecido, y cuando nos cansemos miremos el cielo buscando estrellas o figuras nubosas. Háblame, aunque tu silencio me agrada, quiero escucharte decir lo que veo en tus ojos. ¿Nunca has pensado que nos unimos demasiado?, ¿Qué solo debíamos caernos bien? No quiero quererte demasiado, pero pedir eso es como si le pidieras a John Lennon que asesine a Yoko Ono ...

Somos como dos niños que creen jugar al amor, pero aveces los juegos se vuelven realidad, y extrañamente esto me empieza a gustar.

21 mar 2009

Bendito otoño.



Sin ruidos, sin micros, sin gente, sin humo, sin malas vibras, dejando de lado esa idea tan generalizada pero muchas veces verdadera visión negativa de la capital del gran Santiago.

Llegando el otoño, caen lentamente las primeras hojas, en un suave acto de despedida. Adiós al verano, al calor, a esas infernales tardes sin hacer nada porque el sol te lo impide. Y bienvenido el otoño, bienvenido el invierno. Tímidas hojas secas empiezan a aparecer, las más osadas, las que se atreven a caer primero. Para después dejamos a las mas cobardes, esas que caen en pandilla, aquellas que se agrupan a la orilla del camino, las que pisamos y hacen ruido.

Solitarias callecitas, ni los autos perturban tu paz. Los árboles le dan un respiro a la ciudad, que cosa más bella es observarlos conversar. Verlos mecerse tranquilamente, escuchar su movimiento, sus ramas gruñendo, sus hojas cayendo.

Un farol que alumbra de noche, luz tenue que provoca miles de emociones. Rincón adecuado para cobijar a los románticos, para amar sin reparos. Un árbol tachado con promesas de amor, el ambiente limpio de odios y rencor.

Santiago no siempre es el personaje malo de la película, muchas veces puede tener un vuelco, búscalo.

17 mar 2009

Carta a un anónimo.

No olvides que soy de carne y hueso. No olvides que tengo los sentimientos a flor de piel. No olvides que soy como una plaza solitaria, pero también puedo ser un antro de perdición. No creo que pienses que todo es casualidad, porque en realidad todo esta perfectamente planificado, pero no por nosotros. Llegaste un día cualquiera, sin avisar que te quedarías en mi vida para siempre. Y lamento decir que no lo lamento. Desde ese bendito pero maldito día comencé a creer en muchas cosas. No me gusta confundir los hilos que guían mis sentimientos, pero tú lograste enredarlos todos. Y ahora debo arreglar este enredo por mi cuenta. Y lo merezco. Yo fui quien dejó que todo sucediera.
Soy una marioneta guiada por tí. Cierro mis ojos y me dejo llevar. No digo que seas un manipulador, para nada ... se trata de mí, y a pesar de estar pasando por una tormenta que no pasará hasta que acabe el invierno, agradezco que esto pasara, porque de lo contrario no podría haber llegado la primavera.

15 mar 2009

La servilleta.



"Diste en el blanco. La flecha no podía haber sido lanzada en una dirección más perfecta. Me heriste, y mucho. Ahora trato de sacar la flecha de mi cuerpo, de mi mente, de mi corazón, pero no es tan fácil como pensaba. No me busques, no me sigas matando, por favor, no .. "

Rodrigo tenía esas palabras en sus manos, sujetas por un pedazo de servilleta. Clara siempre fue su amor verdadero, desde que un día la vio pasar caminando por una avenida abarrotada de gente. Ella transitaba a un paso lento pero firme, tranquila pero decidida. Nunca supo bien qué lo enamoró tan rápidamente. ¿Sería su despreocupada forma de ver el mundo, o su madura forma de resolver los problemas?

"No se por qué me sigues buscando, si sabes que vernos solo nos hace daño, no entiendo para qué te esmeras en buscarme por las calles, si sabes que yo me escondo entre la gente. No me sigas haciendo daño, ya no es divertido que nuestras aventuras sigan terminando en confusas situaciones, ya no me agradan esas madrugadas llenas de humo, alcohol, gritos, pasión y odio ... "

Fue un día de invierno cuando Rodrigo abordó a Clara en un parque. Ella lo miró algo desconfiada, pero luego de ver en sus ojos buenas intenciones se relajó. Hablaron toda la tarde, y luego él la fue a dejar a su casa. Intercambiaron teléfonos y comenzaron una tímida relación. Nunca fueron amigos, para qué engañarnos. Siempre supieron que no se conocieron para jugar a la amistad, si no que para entablar una relación de pareja.

"Te Amo, te amo, te amo"

Como le resonaban esas palabras a Rodrigo en su cabeza, como quería sentir a Clara cerca, ¡como pudo llegar a amarla tanto! Si hubiera sabido que todo terminaría habría puesto más cuidado, pero se encegueció, creyó que sería eterno .. ¿puede ser para siempre? ¡Como pensó eso! Clara ama su soledad, y si bien es cierto Rodrigo logró unirse a su libertad y pudieron volar juntos por años, Clara quizo cambiar su rumbo, volar con alas propias, dejarlo ..

"Siempre estaremos juntos Clara, te voy a amar por siempre"

Maldición. Te voy a amar por siempre Clara. ¿Qué saco con romper tus fotos, si tu recuerdo esta dentro de mi? ¿Cómo me limpio, como te saco de aca? ¿Crees que quiero seguir amándote? ¿Crees que me divierto haciéndote daño? Clara, yo te amo. Clara, Clara, Clara ...

Rodrigo se quedaba dormido todas las noches pensando en ella, tratando de acostumbrarse a dormir sin ella, tratando de asimilar que ya no puede acariciarla. Desde que ella lo dejó, Rodrigo no paró de buscarla, y la mayoría de las veces la encontraba. Ella cambiaba su semblante apenas lo reconocía, y trataba de huir. Siempre era en vano, porque siempre la atrapaba. Ella le gritaba, él la besaba. Ella se escabullía, él la paralizaba. Ella lloraba, imploraba que la dejara, pero él estaba ciego, el no podía dejarla, su amor se volvió enfermizo.

"Estas loco Rodrigo, no te entiendo .. Sabes que ya no me importas, entonces por qué mierda me sigues buscando"

Clara escribía esas líneas en un pedazo de servilleta, no encontró nada mejor. Rodrigo dormía, un milagro. Ella estaba en el departamento de Rodrigo porque él la obligó. A estas alturas la obligaba a todo, ya no pensaba con el corazón. Ya no pensaba. Terminó de escribir, y fue a la habitación donde dormía Rodrigo. Lo miró por última vez y se fue semi corriendo. Logró escapar. Pensó que no podría. Llevaba más de cinco días prisionera, pero ya había cerrado el capítulo. Por fin podría descansar en paz.

"Cada vez enloqueces más. Me preocupas. Espero que todo el amor que sigues sintiendo por mí termine acá. Hazlo por mí"

Hazlo por mí.

Sí mi amor, lo haré por tí.

Rodrigo terminó de leer la carta. Estaba decidido. Las súplicas de Clara llegaron a la puerta de su corazón por primera vez, y golpearon tan fuerte que ingresaron con facilidad. Eran las siete de la mañana, comenzaba a aclarar .. ja! Esa palabra siempre le recordó a ella, por razones obvias. Era el momento. No fue difícil tomar el regalo que le dejó Clara en la mesa, junto a la improvisada carta, y hacer uso de ella. No fue difícil, al fin y al cabo lo hacía por ella. Por su amor hacia ella. ¿Ves que te amo?, ¿Te das cuenta de lo que estoy haciendo por tí?

...

Clara no sabía si volver al departamento. Entró timorata, lentamente, pero decidida. Se sorprendió al encontrar pétalos de rosa por el pasillo. No quería seguirlos, no sabía qué encontraría. Decidió ser valiente, decidió enfrentar a Rodrigo. Ella también lo había amado, pero no era su culpa dejar de sentir tal sentimiento. Caminó muy despacio, con todos sus sentidos alerta. De ves en cuando miraba hacia atrás. Los pétalos dejaron de indicarle el camino cuando llegó a la puerta de la pieza de Rodrigo. Abrió la puerta. Lo vio al instante.

El nudo en la garganta que tenia Clara y las lágrimas que inundaron sus ojos impidieron que encontrara al instante un pedazo de servilleta. Vio a Rodrigo, inerte en la cama. Vio una foto, su foto favorita. Era de una noche especialmente fría donde ellos aparecían sonriendo, muy abrigados, pero felices. Clara lloró. Al dejar la foto de lado, miró a Rodrigo, y lamentó que todo culminara de este modo. En ese momento vio la servilleta. La tomó nerviosa .. triste ..

"Te amo Clara. Y gracias por tu regalo, espero que seas feliz. Gracias por abrirme los ojos, ahora entiendo que no te puedo atar a mi, pero tienes razón, tu regalo será muy útil, no puedo vivir sin tí. Así que no esperaré más. Lo haré ahora, antes que la locura se apodere de mi nuevamente. Te Amo Clara, Te Amo.. "

Clara rompió a llorar, deshecha ¿Cómo pudo dejarle la pistola ahí? Indirectamente, Clara asesinó a Rodrigo.

".. Te amo Clara"
 

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